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7.15.2026

OBRA PUBLICA DEMORADA…

 

DELAYED PUBLIC WORKS…

 

AUTOR: ROMULO GUSTAVO RUIZ DE CASTILLA

cronicasglobales.blogspot.com

email: gusruizd@gmail.com

ORCID: 0000-0002-0601-8864

 

 

Se puede reproducir citando autor y fuente

 

Desde hace mucho se afirma y se difunde, una cierta actitud de tolerancia y resignación ciudadana, acerca de los retrasos en la ejecución de las obras públicas y en cómo estas demoras han llegado a ser admitidas como comunes y hasta habituales en todas partes del mundo. Y es que el Estado, como refería el economista Milton Friedman, no es buen administrador, en tanto los burócratas, que son colocados por interés político, invierten y gastan el dinero que no es suyo en favor de terceros y en consecuencia no buscan el rendimiento económico y la eficiencia.

 

Es un clásico popular en pueblos, ciudades y países, desde los más pequeños hasta los más grandes en recursos, aceptar que existen trámites, convencionalismos y normativas burocráticas que deben cumplirse y que hacen que casi siempre una obra pública demore y cause por ello inconvenientes de todo tipo.

 

Se entiende, no obstante, que una tardanza más larga de la esperada o acostumbrada y que supera la condescendencia pública, genere de inmediato la desconfianza y la sospecha popular de que algo no va bien o no está correcto y que hay o puede haber un factor ajeno implicado.

 

En otras palabras, para los ciudadanos, si una obra pública, realizada con el dinero de los contribuyentes, tiene una demora extendida pero más o menos esperada, dentro del tiempo promedio de retraso y dilación, es admisible y casi no causa sospecha, sin embargo, esa misma contingencia o circunstancia a veces suele ser aprovechada por los políticos para realizar enmiendas o adendas a los contratos, casi nunca con benéficas intenciones ciudadanas.

 

Desde el Derecho, una obra pública demorada significa una irregularidad y una contravención de los plazos establecidos, cuyas consecuencias legales derivan estrictamente de quién origina el retraso. De la misma manera, un contrato de obra pública con variaciones o adendas reiteradas, sean justificadas o no, además de burocracia inútil, es indicio no sólo de deficiencias en los expedientes técnicos, sino también indicador de actuaciones financieras en gran proporción lesivas para el Estado y perjudiciales para los que requieren y necesitan la obra.

 

En el mito popular se especula en situaciones irregulares y sospechas de corrupción, porque la consecuencia para la ciudadanía, para aquellos que son los interesados directos y también los beneficiarios de la obra, significa en la mayoría de casos, un perjuicio de tiempo, dificultades de todo tipo y una evidente pérdida económica.

 

Por eso y otros motivos, se difunde y acrecienta aquella opinión o creencia popular que, con varias razones y algunas especulaciones, no alejadas de la verdad, deviene en señalar que cualquier demora de una obra o realización pública, es un evidente peligro y un indicio de corrupción y que en nuestra personal opinión convenimos en simplificar con la frase siguiente: obra pública demorada, corrupción asegurada.